Bad germs (komadreja) wrote in puntoykoma,
Bad germs
komadreja
puntoykoma

On the road - Derek/Stiles (2/?)

II. My Way

(I've planned each charted course. Each careful step along the highway. And more, much more than this. I did it my way)



Se saltan Boston capital pero pasan la primera noche en un hotel de mala muerte en las afueras de Providence y están cansados pero no duermen todavía porque en la tele echan “Sólo en casa” aunque no sea Navidad y a Stiles se le ilumina la mirada como si lo fuera.

Esa noche comparten una bolsa tamaño industrial de skittles que circula de cama en cama, de puñado a puñado y en la calle el aire huele a verano y naranjas, pero ahí dentro, en una habitación con papel pintado de menta, huele a sudor y golosinas. Stiles habla una milla por hora, por encima de un Macaulay Culkin de diez años, habla de todo y nada, cambiando de tema a media frase, drogado de azúcar y energía, con la carretera todavía en las arterias, bombeando, todo gasolina y buenas intenciones. Habla de todo menos del elefante en la habitación. Derek lo agradece, ya tendrán tiempo, pero todavía no, más adelante, más tarde, espera un poco, tenemos Alabama y Nashville y mariachis en Nuevo México, ¿te acuerdas de los mariachis?, tenemos Louisiana y Carolina del Norte, o del Sur o si lo prefieres las dos, las podríamos tener las dos, tenemos tiempo hasta San Francisco, ni siquiera has visto New York, yo sí, cuando era gilipollas, yo sí lo he visto y creo que te gustará, pero me niego que me arrastres a Broadway, porque sé que querrás, porque es brillante por la noche y tú eres como los cuervos y tenemos tiempo, todavía. Stiles no habla del elefante en la habitación, no pregunta “¿qué hacemos aquí?” ni “¿por qué dejamos de hablarnos?” no lo hace y Derek lo agradece. Lo agradece de cien formas distintas, dejándole los skittles rojos, porque sabe que son sus favoritos, aunque todos sepan igual. Se lo agradece sin interrumpirle aunque le cueste pillar el hilo de la conversación, -monólogo, eso que hacen-, asintiendo de vez en cuando a pesar de que sabe que a Stiles ni siquiera le importa que no lo haga, que podría hablarle a un pedazo de sándwich y estaría bien, porque cuando está así, en ese estado frenético, con la hiperactividad huracanada, no necesita interlocutor, necesita desquitarse, simple y llanamente, solo que nada es tan simple cuando viene con prescripción médica. Se lo agradece duchándose primero, pero dejándole toda el agua caliente porque a Stiles le gusta ducharse con agua caliente, aunque sea verano. El chorro sale frío y flojo, con poca presión, hay costras de moho en la esquina del techo y Derek se concentra en eso, en enjabonarse rápido, en no tocarse donde tiene ganas desde hace cinco horas, tres semanas, cuatro años. No se toca para no conjurar los fantasmas, porque están de paso, porque quiere hacer las cosas bien, porque le quedan cuatro mil kilómetros hasta el resto de su vida y Stiles tararea The Offspring, al otro lado de la puerta, desafinado y feliz y quizás el resto de su vida puede esperar cuatro mil kilómetros más aunque los fantasmas que no quiere conjurar se agiten en el fondo de su estómago, feroces, violentamente sugerentes.

*

A New York llegan con la música apagada, porque Stiles duerme en el asiento del copiloto y Derek sabe que el insomnio va a ser una constante durante el resto del viaje, que probablemente se tendrá que adaptar a este nuevo horario lleno de lunares y desajustes que es Stiles. Duerme hecho una maraña de miembros angulosos, todo lleno de esquinas, con la cabeza apoyada en el cristal y la respiración en paz. Duerme como un bebé, con unas gafas de sol de montura amarilla que le quedan grandes y se le van resbalando, soplo a soplo, por el puente de la nariz, como un tobogán, hasta llegar a la punta, donde, milagrosamente encajan y nunca llegan a caerse del todo. A Derek se le escapa una risa suave que le desconcierta durante un segundo, sucede rápido y espontáneo y se sorprende. A New York llegan con la música apagada pero es mentira, porque Stiles respira templado y Derek ríe por primera vez desde hace dos años y son compás y sonido y no son partitura, pero son, a su manera, música.

Lo despierta a empujones cuando atraviesan el puente de Brooklyn. El atardecer se cuela, púrpura y sangrante, entre las costuras de los rascacielos, por eso lo despierta, a empujones, porque sé que no te vas a querer perder esto, tarado, despierta, que New York arde y tú duermes como un bendito y no es justo.

- Despierta, marmota.

Las gafas van a parar al hueco entre la guantera y las demasiadas bolsas de comida que viven encajadas entre sus pies. Stiles las busca, sobresaltado, murmurando “joder, Derek, joder” que suena más como “joderekjoderek” y entre bostezo y manotazo encuentra una bolsa de tomates que compró en las afueras de Beacon Hill y las gafas probablemente las encuentre cuando las pise, dentro de un kilómetro o cinco. Escoge uno, rojo como la sangre, un tomate del tamaño de la palma de su mano, lo mira con aprobación, con apetito y resto de sueño en los ojos, pero entonces mira al frente y lo ve, justo a punto del primer bocado, New York en llamas, flamante y enorme en el horizonte.

- Espera –grita, de pronto, alerta como un búho.- No, sigue conduciendo. Pero espera.

Derek aminora, porque no es como si pudiera parar en mitad del puente, y además, tampoco quiere. Pero hace que espera, aunque no entienda qué está pasando. Stiles trastea con el ipod que va conectado a la radio del su jeep y de repente sonríe, todo dientes y ojos brillantes. Suena una versión del “My Way” de Sinatra, pero mucho más enfadada, puro punk británico en la Gran Manzana y Stiles se acomoda en su asiento, tiene jugo de tomate en la barbilla y es todo pereza recién estrenada y cuando le guiña un ojo, Derek siente que esa tarde New York no es lo único en llamas.

Esa noche cenan perritos calientes en las escaleras del Brooklyn Museum y Derek evita los barrios que le recuerdan a cuando fue cobarde. A pesar de todo, visitan Broadway, no entran a ninguna sesión, pero incluso en las aceras se respira el musical y Stiles le tira del brazo, le empuja, lo guía sin rumbo entre las luces de la ciudad que nunca duerme, con la felicidad a borbotones y la mirada de neón.

next
Tags: fandom:teen wolf, teen wolf: on the road, teen wolf:au, teen wolf:derek/stiles, teen wolf:fanfic
  • Post a new comment

    Error

    Anonymous comments are disabled in this journal

    default userpic

    Your IP address will be recorded 

  • 0 comments